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Experiencias de viajeros en Irán, No 6
costumbres iraníes
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Experiencias de viajeros en Irán, No 6

Mi Primer Viaje a Irán

Juan Gonzalo Jiménez, catedrático de lengua y cultura griega, ya jubilado y entusiasta de conocer culturas distintas al etnocentrismo europeo.

En el 2016 visité Uzbequistán y quedé admirado de las ciudades de Jiba,  Bujará y Samarcanda por sus  madrasas  y  mausoleos  o necrópolis. La grandiosa plaza de Registán con sus tres madrasas ,la necrópolis de Shah-i-Zinda , un conjunto de mausoleos los más bellos de Asia , recubiertos de azulejos con láminas de oro ,terracota labrada y esmaltada , maderas talladas, cristales de color azul , baldosas de mayólica y estuco . El mausoleo de Tamerlán con la cúpula, una de las más bellas de Asia, la mezquita de Bibi Janún ; todo una maravilla de la arquitectura de los timúridas en Samarcanda.

Al año siguiente decidí continuar con el arte de Asia central y viajé a Irán, porque quería conocer la continuidad del arte de los timúridas en tierras de Irán a partir del siglo XVI durante la época de los Safávidas: tras la desaparición del imperio iniciado por Tamerlán. Además de la gran riqueza que posee Irán en todos los campos del arte en mezquitas, palacios y jardines, muchos de ellos Patrimonios de la Humanidad.

Mi mayor sorpresa fue encontrarme con un país lleno de maravillas arquitectónicas y artísticas, de ciudades llenas de tesoros y gente encantadora, siempre hospitalaria y receptora. 

MI mayor asombro y admiración fue encontrarme con las grandiosas mezquitas, palacios y jardines, patrimonios de la Humanidad. Todo ello, en mi opinión, superando en refinamiento, colorido y riqueza a lo visto en Uzbequistán. Me encantaron las bellísimas ciudades de Isfahán, Shiraz, Yazd Qom y otras.

Al llegar a Isfahán, un domingo al atardecer, me quedé gratamente sorprendido al encontrarme con un ambiente muy acogedor dentro de la grandiosidad y amplitud de la plaza, Naqshe e Yahán, con sus dos mezquitas, Imam y Sheik, sus dos palacios, Ali kapu y Chehel Sotun, con los niños bañándose en las fuentes en medio de la plaza y la gente distendida paseando o sentada en torno a las fuentes. Todo un espectáculo contemplar la plaza a la puesta del sol, hermosa y grandiosa, la segunda más grande del mundo. También sorprenden en Isfahán un paseo nocturno por los puentes bellamente iluminados y llenos de gente relajada, o de día con la gente merendando en torno al rio, costumbre muy típica iraní.

Pasando a Shiraz sólo quiero mencionar el mausoleo Sha Cheragh con su cúpula de cuadros azules y dorados sus filigranas de bellos colores, su cúpula interior de cristales azules y blancos que invitan a la meditación .El hermoso jardín Narenjestán y su palacio vidriado de múltiples colores y formas, sus ventanales y techos, una maravilla. La mezquita Vakil de columnas retorcidas y blancas; pero lo más fascinante es contemplar por la mañana al salir el sol la pequeña mezquita rosada Nasir al Molk viendo los rayos solares entrar por las vidrieras rosadas. Sus columnas se parecen a las de la mezquita Vakil, pero más bajas y robustas sosteniendo unos techos rosados, azules y abovedados.

Al llegar a Yazd, lo que más impresiona es subir a las Torres del Silencio, donde se depositaban los cadáveres para ser consumidos por las alimañas, según era costumbre en la religión zoroástrica. Visitar el Templo Fuego Zoroastro, fuego siempre encendido en recuerdo de Ahura Mazda. No hay que olvidar el museo del agua y ver en el subterráneo la conducción de agua a la ciudad procedente de las montañas por canales subterráneos, los qanat, una maravilla arquitectónica contraria a la solución romana los acueductos.

Yendo a Teherán, no olvido el Palacio de Golestán, de estilo Kayar,1785-1925 reconstuido por los Pahleví para la coronación y fiestas de la monarquía, una maravilla de cristal, de los más diversos colores en techos y ventanales que causan admiración y fascinan durante todo el conjunto. El museo de los Reza Palevi, sus grandes riquezas que no pudieron llevarse del país, cuando tuvieron que abandonarlo después de la revolución de Jomeini. Me llamó la atención el Mausoleo Imman Zadeh Saleh, su arquitectura bilateral simétrica, y a los lados las torres multicolores, en una plaza grandiosa, también de la época Kayar. No puedo olvidar el gran museo de las alfombras, toda una grandiosa colección de las más variadas en colores y tejidos. Por algo recordamos a Irán, como el país de las alfombras persas.

Esto es una pequeña parte de un país que no puede olvidarse por su gran gusto por la música, la poesía, las miniaturas, Palacios, Mezquitas y bellísimos jardines, Patrimonios de la Humanidad. 

FIRMADO :

                       Juan Gonzalo Jiménez

 
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